Camino por la rue de l'Université, apresuro el paso, corro, llevo mi gabardina montrealense que tanto me gusta, pero que tanto odio porque tiene una red como forro que al menor esfuerzo me hace sudar: demasiado caliente para el verano y el otoño; demasiado fría para el invierno o la primavera. Son las 18h42 y quiero pasar antes a Deyrolle, que cierra a las 19h00, lo cual está perfecto, pues la charla de EVM es a esa hora a dos cuadras de ahí, sobre el boulevard Saint-Germain. 

18h45, ya en Deyrolle. Subo al segundo piso y le pido a un vendedor con pinta de bibliotecario (¡una entrada enterera merecería el tema de vendedores que trabajan ahí, así como un libro entero ese lugar!) el póster que quiero. Lo encuentra rápido y lo saca con delicadeza de su empaque. Nos movemos a la sala de entomología para que lo envuelva, 18h55. Ya he pagado. Demora mucho en envolverlo. Siento que debo hacer un gesto para mostrar mi prisa, pero recuerdo que los eventos literarios rara vez comienzan a la hora en punto. Le doy la vuelta al gran oso y me despido de los leones, zorros, y todas las criaturas de Deyrolle, así como del vendedor y de la dueña en el piso de abajo. Llego 18h59 a la Maison de l'Amérique Latine

No la recordaba casi. Había ido una sola vez hace muchos años con Sylvie Durbec a ver una exposición sobre Cortázar. Dos hôtels particuliers fusionados, un lugar magnífico, pero ni tiempo tengo de reconocerlo. Sigo un gran pasillo y luego otro, subo las escaleras y llego al pequeño auditorio, que está lleno a la mitad. Nadie me revisó mis cosas, lo cual me sorprende, pues en lugares públicos como ése es obligatorio de acuerdo con el estado de emergencia decretado por el presidente.

Me siento en una butaca pegada al pasillo como a la mitad de la sala. Empieza relativamente temprano, talvez 19h15. La charla es con motivo del premio de la FIL Guadalajara, que recibió el otoño pasado. Está el entrañable André Gabastou, como en todas sus presentaciones parisinas, y una representante de dicho premio. Se improvisa una intérprete de último momento porque hay seis personas en la sala que no hablan español. Para todo hay una primera vez. Ya he hablado antes de lo difícil que es traducir en vivo a Vila-Matas porque la mayoría del tiempo habla entre líneas y hay que conocer sus referentes. 

Escuché la plática con atención y sería falso si dijera que no conocía mucho de lo ahí citado. Fue como ir a ver la versión restaurada de una película que has visto muchas veces, pero que cada vez la miras desde otra óptica y claro, te fijas en detalles diferentes. Esta vez me llamó la atención un comentario respecto a las ganas de ser escritor, bueno, no tanto eso, sino más bien a las de no serlo con los íconos de ahora. Me explico:

EVM evocó que a sus 17 años quería ser escritor porque admiraba la imagen, digamos de rebeldes e inaccesibles, que se daba de los escritores (malditos, alcohólicos, suicidas) y que después, sólo después de eso, contempló escribir para ser escritor. Dijo que de ser un joven de 17 en estos días seguramente ser escritor sería lo último que le pasaría por la cabeza al ver a los escritores de ahora dar entrevistas en la televisión. Todo el misterio, la eventual clase o presunta inteligencia de los escritores se desbaratan entre más hablan, salvo muy contadas excepciones. Casi como contrapeso necesario habló depués de Walser, de cómo era un gran escritor, muy importante, pese a no querer serlo. De cómo fue difícil hablar en España de una figura como él, de su modestia y su discreción, tan a contracorriente en una cultura que valora lo contrario: el éxito y la notoriedad.

No sé si sea una premisa, pero lo es para mí, que había andado un poco desconectada: su próximo libro aparecerá en febrero de 2017 y es un género nuevo en la medida en que se trata de un ☛"libro póstumo incabado deliberadamente"☚. Intuyo que el arte contemporáneo estará presente como en sus dos últimos libros.

Nunca me había detenido a pensar en el perfume de Enrique. Creo que nunca antes lo había notado. Esta vez, después de charlar unos momentos y despedirme, me quedó la mano impregnada de su perfume. Notas orientales y cítricas. Fresco, pero no límpido, un aroma relativamente complejo. Lo primero que pensé fue Prada homme, pero en cuanto volví a casa fui a buscar una prueba que había visto en el cuarto de baño y comprobé que no era ése. Al momento de escribir estas líneas, el aroma ha casi desaparecido, pero el breve rastro que queda (o su recuerdo infraleve) es algo muy similar a Allure de Chanel. Aunque a decir verdad hubiera imaginado más la eau shandy en cuestión como algo de Serge Lutens o Frédéric Malle.   

 

infraleve

Una hoja de papel de china con brillantes que traía como separador de libro, así como el ticket de Deyrolle fueron los únicos espacios donde pude anotar detalles de la charla.

Y qué mejor manera de terminar esta entrada que con el infraleve video parisino de un saludo, un conjuro, ambos shandys que sólo algunos sabrán descifrar y si rascan la pantalla, podrán oler la misteriosa eau.