En el barrio judío Outremont de Montreal hay un parque y en el centro del parque, una pileta de agua. No es profunda y tampoco echa chorros de agua. Es un estancamiento plano y sin mayor chiste; sin embargo, me gustan mucho dos aspectos:

a) Como es muy amplia, permite el ancho espejeo de los árboles.

b) Es un lago inmenso para pequeños objetos (piedras y hojas caídas principalmente).

Llegué ahí después de comer. Me senté en una banca con la intención de leer al azar algunas respuestas a entrevistas que le hicieron a Julien Gracq (José Corti, 2002). Leí con alegre sorpresa que Gracq escribía cuando máximo dos horas al día y no tenía horas fijas para hacerlo. Tampoco le gustaba escribir en la noche:

"Cuando escribo, no trabajo con regularidad. Evito solamente trabajar después de la cena, pues acarrea un irremediable insomnio...".  

Como queriendo evitar el insomnio —aunque apenas era la tarde—, miré hacia la pileta y descubrí un par de hojas de maple que buceaban muy lentamente en el fondo del agua. 

hojas_agua 

Tuve tantas ganas de estar ahí, pero mi tamaño no me lo permitió. Entonces, fabriqué un representante que pudiera visitar esa pileta por mí. Quise hacer un barco de papel, pero por más que doble y doblé, la verdad es que no recordé mis conocimientos de papiroflexia (tan ejercitados en la infancia). No tuve más remedio que hacer un sencillo avión. Le puse mi nombre y mi ubicación (como toda nave en misión de reconocimiento).

a_punto_de_caer

 

La incorporé de manera delicada al agua.

avion_superficial

Inclusive logró ir de polizonte sobre unas hojas durante algunos segundos.

avion_flota

 

Retomé mi lectura, pero en un abrir y cerrar de ojos, se convirtió en un submarino (no quiero pensar que se hundió).

avion_julien_gracq

 

Un submarino que parecía un avión-cometa con dos hojas que parecían plumas de algún ave improbable en la cola:

 

avion_cometa

 

Cuando las hojas lo abandonaron, me quedé mirando cómo se hundía.

karlatone_avion_contempla

 

Dado que era mi acuanauta, reaccioné rápidamente y desde mi cerebro, pedí ayuda a mi brazo derecho para realizar una misión de rescate con una simple extensión-inmersión. De primera instancia, recibí una negativa con el pretexto de que el agua estaba muy sucia. El avión se hundía cada vez más. Pensé que yo lo había enviado a esa misión para avanzar y pasear, no para ir en picada, así que pese a la negativa de mi brazo, le ordené que lo salvara.

DSCN2696

 Sus datos de reconocimiento se leían todavía con claridad.

avion_mojado_mano

 Lo puse a secar en una banca.

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Por su gran valor y el bello trayecto que realizó, ahora está jubilado y es mi separador del libro de Julien Gracq.