Lo primero que hice al volver a México fue buscar la revista Nylon correspondiente al mes de febrero puesto que ahí sale mi texto "Wild horses" (sobre concierto y entrevista a Blonde Redhead). Se ve así:

 

BRH

 

Y se lee así:

 

WILD HORSES

 

1. Una noticia así

A Blonde Redhead los conocí a finales de los noventa con su tercer álbum: Fake Can Be Just as Good y ya nunca dejé de escucharlos. En la actualidad, comparten junto con Ladytron el título de mi grupo preferido. Este trío neoyorquino de ensueño está conformado por Kazu Makino, de origen japonés (voz, guitarra y teclado) y los gemelos de origen italiano Amedeo Pace (voz y guitarra) y Simone Pace (batería y teclado). Debutaron en 1994 con el álbum Blonde Redhead bajo el sello Smells like Records de Steve Shelley y de entrada se les comparó con Sonic Youth, cuyo bajista era justamente Shelley. Deben su nombre a la canción homónima del grupo de culto ochentero  DNA.

Cuando me informaron que los entrevistaría, experimenté una mezcla de salvaje emoción, ansiedad, vacío estomacal, explosiva euforia y parálisis. La noticia me fue dada vía telefónica. Después de colgar no supe qué hacer. Me quedé con el teléfono en la mano, inmóvil, como jugador de “las traes” que ha sido encantado. Me tiré en la cama y al cabo de unas horas, reaccioné. Comencé a preparar la entrevista. Había comprado mi boleto para el concierto del domingo 5 de diciembre desde que los pusieron a la venta, a primera hora. Asiento en zona preferente, fila D en el majestuoso Teatro de la Ciudad de México. Ya los había visto en ese recinto en 2008 así como en el club “Le Rockstore” de Montpellier durante el verano de 2007. Ésa sería mi tercera vez.

2. Prueba de sonido o tercer concierto

Me habían citado a las seis de la tarde del domingo, dos horas antes de su concierto, aunque me aconsejaron estar ahí media hora antes para ser de los primeros en entrevistarlos. Nunca en mi vida fui más puntual. Llegué a la entrada trasera del teatro en República de Cuba, exclusiva para medios. Me registré y me colgué el gafete que me otorgaría el privilegio de entrevistarlos. Un largo pasillo desembocaba en una puerta corrediza que daba al escenario. La prueba de sonido recién comenzaba. Atravesé el escenario de manera transversal y no pude evitar hacer una pausa cuando los vi de frente. Era lo más cerca que había estado de ellos en la vida: a menos de un metro de distancia. Al ver que me detuve embelesada, la organizadora me dijo: “¡Por acá!” y tuve que continuar mi camino. Me llevaba a un lugar todavía mejor:  las butacas delanteras del teatro completamente vacío.

Presencié todo el soundcheck, un auténtico concierto privado. Sólo estábamos el coordinador de prensa, el staff de Blonde Redhead, un productor de radio y yo. Kazu, Amedeo y Simone tocaban para sí mismos, usaban mudas de ropa cómodas. Ensayaron casi todas las canciones de Penny Sparkle y luego dieron prioridad al disco anterior,23, con canciones como “The dress”, “Spring and by summer fall” y “SW” para saltar luego a clásicos como “Misery is a Butterfly”, “Messenger” o “Water”. La última canción que ensayaron fue de Penny Sparkle: “Black guitar”.

Al interpretar “Black guitar”(dueto entre Kazu y Amedeo alojado en Penny Sparkle), en la parte en la que Amedeo canta,  éste elevó los brazos, desplegándolos lentamente como si intentara volar, sus manos chocaron arriba y luego dibujó un círculo descendente. Fue un acto de gran intimidad que no repitió en el concierto.

Durante toda la prueba de sonido Kazu cantaba impecablemente, aunque cuando hablaba para pedir que ajustaran el volumen o afinaran alguna entrada, su voz se escuchaba ligeramente ronca. Simone no hablaba mucho, pero se concentraba en su batería, con los tempos siempre perfectos.

3. Penny Sparkle: el disco y la yegua

Después de la prueba de sonido, que duró como hora y media, el encargado de prensa me condujo al segundo piso del teatro, un área lounge con elegantes sillones, retratos en óleos y amplios espejos con marcos dorados. Me otorgaron la segunda de tres mesas. Ahí los entrevistaría. Alrededor de las siete aparecieron: los Blonde Redhead deambulaban en la sala. Ya se habían cambiado, vestían la ropa que usarían en el concierto. Habían pasado de lo cómodo a lo chic pues además de tener un sonido muy original, siempre se han caracterizado por ser fashionistas natos.

Kazu Makino se sentó en una banca frente a mí y me invitó a colocarme a su lado. No lo pensé dos veces y me puse junto a ella. Le pregunté si su ronquera se debía a la gripa. Dijo que en realidad tenía un tipo de asma crónico que empeoraba con la altitud de la Ciudad de México. Pese a todo, su voz era increíblemente delicada.

Decidí comenzar la entrevista con los pormenores de Penny Sparkle, su más reciente disco (4AD, 2010). Le pregunté que cómo describiría a los dos Penny Sparkle, tanto el disco como el caballo que le da nombre. Dijo: “Es un nuevo disco y ello implica una búsqueda. Esperamos que la gente escuche una nueva historia en él. Nosotros estamos fascinados con la forma en la que suena al grado de que  en los conciertos tocamos todas las diez canciones que lo conforman. Ahora bien, Penny Sparkle es una yegua mediana, de malas maneras y rebelde; es imposible, salvo cuando quieres que sea competitiva, sólo así se vuelve buena y parece que nadie puede superarla. Es una genio, pero debes pagar para ver lo genial que es, porque se burla de ti todo el tiempo”.

Kazu  y los caballos tienen una larga historia de la cual conviene resaltar que el motivo por el que pasaron más de cuatro años para que apareciera el disco Misery is a butterfly después de Melody of Certain Damaged Lemons es que Kazu Makino sufrió una terrible caída de caballo y le tomó años salir de convalecencia. Su amor por los caballos es tal que actualmente sigue practicando equitación.  

4. Gainsbourg y la autodefinición

Después, a manera de chascarrillo, le pregunté si habían decidido grabar el disco en Suecia para poder ir más seguido de fiesta con sus amigos de The Knife. Kazu rió y enseguida dijo: “Escogimos Suecia por los productores: Van Rivers y Subliminal Kid. Trabajamos las canciones en Nueva York, y las afinamos en Suecia”.

Blonde Redhead no ha grabado muchos covers en su carrera, por esa razón la siguiente pregunta era imperiosa: ¿Por qué grabaron “Slogan”, el cover a la “Chanson de slogan” de Serge Gainsbourg? Makino contestó: “Es uno de mis cantautores favoritos. Lo admiramos muchísimo y como la gente siempre nos pedía que hiciéramos covers, pero nadie nos motivaba lo suficiente, fuimos a lo seguro, a uno de nuestros ídolos. Sabíamos que no podíamos hacerlo mejor que él, pero eso no nos impidió proponer nuestra propia versión. También grabamos “Manon”, “La Décadanse” y “Jane B”, pero ‘Slogan’ es la que más nos gustó”. Aprovechando la pregunta anterior, aventuré: ¿Les gusta la cultura francesa? A lo que contestó Kazu: “Sí, nos encanta, aunque… ya no la idealizamos como antes”.

En lo que respecta a sus influencias y el tipo de música que les gusta, dijo: “Nuestra mayor influencia musical proviene  del blues, por eso estamos en una constante búsqueda de la melodía. Nos gusta cualquier música que tenga una buena melodía y una armonía suspendida”.

Finalmente, le pedí que asociara algunos de sus discos a las primeras palabras que le vinieran a la mente y así fue como me enteré de que Fake can be just as good es el favorito de Amedeo, Melody of certain damaged lemons le evoca transición, In an expression of the inexpressible es “el más dinámico y reventado” y que Misery is a Butterfly es el más extraño.

Minutos después de la entrevista, el personal del Teatro de la Ciudad de México abrió las puertas y los asistentes tomaron poco a poco sus lugares. El teatro se llenó rápidamente y el concierto empezó alrededor de las ocho y media. Abrieron con “Black guitar”. Kazu utilizaba una exótica máscara plana y blanca con extensiones de cabello amarillo a los lados, que se rumora es un regalo de Karin Dreijer (de The Knife y Fever Ray). El concierto fue un déjà vu para mí, pues tres horas antes presencié la prueba de sonido. Después de dos conciertos y una entrevista en un lapso de cinco horas, quedé sumamente afectada, positivamente afectada. Aquél estado me duró días y de la experiencia, dudo que algún día me reponga.

 

Karla Olvera