Después de un paseo atropellado por el catalán y de volver a mirar fotos de mis vagabundos preferidos (Miroslav Tichý es el número 1), me sorprendí hablando con gatos (cuando en realidad con los únicos animales con los que puedo establecer un diálogo coherente es con los perros) y de una mancha obscura en la pared, comenzó a formarse un bisnieto mulato del mítico gato de Cheeshire. Me habló al oído y me dijo: Debes probar la vida del vagabundo al menos por un día.

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 Entonces vagabundeé, vagabundeé tanto que tuve que tomar una siesta en la banca de un parque:

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Soñé con mi banda favorita: Blonde Redhead:

 

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y cuando desperté, supe que aquella sentencia latina había caído con toda su fuerza sobre mí. Unas muy extrañas flores se me atravesaron en el camino:

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Y de pronto, como si fuera la cosa más lógica y más natural del mundo, de entre los veintitantos millones de habitantes en la Ciudad de México, me pidieron a mí que entrevistara a Blonde Redhead el domingo 5 de diciembre (antes de su concierto) y escribiera un artículo con lujo de detalle (que se publicará en febrero) y como si mi suerte no fuera ya tanta: también pude presenciar toda la prueba de sonido. Le pregunté tantas cosas a Kazu Makino (la vocalista)...

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Y escuché no una, sino dos veces mis canciones favoritas, como éstas: 

 

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