Tras más de una decena de días con cuatro enfermedades, confirmé que lo esencial para la rehabilitación es cultivar el ánimo del enfermo. Las molestias físicas ejercen un efecto exterminador en éste. Los primeros días me resistí a través del recurso literario por excelencia: la ironía. Sin embargo, me duró poco. Con bastantes cuidados, no menos medicamentos y mucho reposo, porfin me siento un poco mejor.

Pedí que se me leyeran extractos de Los placeres y los dias (Proust) y como ví que dicha práctica efectivamente, mejoraba mi ánimo, en cuanto recibí una llamada de N. le pedí que me leyera un cuento infantil: Pantaleón (el perro pastelero) y luego me leyó otro: Almendrita.

Escuchar literatura cuando uno está enfermo potencia la imaginación, los colores se vuelven mucho más vívidos y las tramas resultan especialmente fabulosas. La OMS debería considerar seriamente la lectura a los enfermos para la estabilidad de su ánimo y su más pronta recuperación.

En los primeros días, cuando todavía no me ardían los ojos, leí a Momin Latif, cortesía de Sylvie Durbec. Creo más que nunca, que la lectura alivia.